Teo y Mariana.
Ter tenía un perro que se llamaba Silvan, era un Yorkshire pero estaba cruzado, un perro que se encontró de cachorro por la calle y lo rescató antes de que lo atropellaran o se lo llevará la perrera.
Le gustaba mucho estar en la terraza de la casa que daba a unas vistas a la montaña y carreteras comarcales y caminos del pueblo, un paisaje para quedarte un buen rato mirando.
Tenía colocada una cama especial para perros y le encantaba morder su hueso, cuando Ter volvía del estudio siempre lo sacaba cerca del campo ya que muy lejos no estaba, pues su casa estaba cercana a los caminos y senderos del pueblo.
Era de mañana un sábado y después de una noche tranquila y una cena ligera se levantó a las 9:00 y se dispuso a llamar a sus padres.
- Mamá, cómo estás?
Vas a venir hoy a visita con papá?
- No hija no, a tu padre le ha salido un choyo con sus amigos de la empresa y se van de evento.
Pero no te preocupes que al próximo Sábado si que iremos que quiero volver a comer esa paella de verduras que haces tan rica y saludar a Fina que hace que no la veo y espero coincidir con ella.
- Sí, creo que el Sábado que viene estará en el pueblo o eso me dijo, quedar y tomáis un café que siempre se lo digo.
Bueno mamá pues te dejo que voy a sacar a Silvan a pasear que ya me lo está pidiendo a gritos.
- Venga ya Silvan pero si aún no has ni comido como tienes ganas de salir, es temprano de mañana.
Se preparó una taza de cacao instantáneo, se lo tomó y le puso la correa para salir a marchar.


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